arte

21 Enero, 2019

Neil Harbisson: “No uso tecnología, soy tecnología y me siento cíborg”

Este joven británico está considerado el primer cíborg del mundo, ya que cuenta con un órgano nuevo y completamente artificial: una antena, con la que explora los límites sensoriales del ser humano y que le permite escuchar los colores. Neil Harbisson (Londres, 1984) no ve el arte, lo escucha. Este inglés criado en Mataró (Barcelona) asegura que Picasso y Warhol tienen sonidos muy altos, saturados. Velázquez, en cambio, “suena poco”. Para Harbisson, el mundo es en blanco y negro. Nació con acromatismo, una patología que afecta a una de cada treinta y tres mil personas en el mundo. Desde 2004, una antena conectada a su cerebro le permite escuchar los colores y, así, detectarlos. Memorizó centenares de ellos. Este artista británico se define como cíborg, un ser compuesto por elementos orgánicos y cibernéticos. Su “órgano” colgándole de la cabeza y una estética moderna y vanguardista, acorde también con su corte de pelo, le dan un aura futurista. Harbisson es pionero en implantarse tecnología en el cuerpo. Este joven usa la tecnología para explorar y superar las fronteras de los sentidos humanos. Desde su fundación, ayuda a todo aquel interesado en convertirse en un cíborg. Hablamos con él en el centro cultural ImaginCafé, un espacio de CaixaBank donde está a punto de presentar, junto con Silvia Lladós, Colors&NeilHarbisson, una app que permite realizar sesiones de luz y escuchar el sonido del color con las composiciones sonocromáticas compuestas por él mismo. ¿Cómo escuchas los colores sin que los sonidos que te rodean se solapen? Noto la vibración que emiten los colores dentro del hueso y esta vibración se convierte en sonido. Escucho los colores a través de los huesos, mientras que el resto de sonidos los escucho por las orejas. Se trata de dos canales diferentes. Si fuera sordo, percibiría los colores igualmente. ¿Cuántos colores eres capaz de detectar? Percibo trescientos sesenta tonos visibles, aunque también capto muchos más que son invisibles para el ojo humano, como los infrarrojos y ultravioletas. ¿Cómo suena una puesta de sol? Es un sol que se va deslizando hacia un fa sostenido. Es un sonido descendente. ¿Cuántos cíborgs hay en el mundo? Ser cíborg es una identidad. Hay mucha gente que tiene tecnología dentro del cuerpo, pero no todos se consideran cíborgs. Muchos la tienen por razones médicas, pero no sienten esta tecnología como parte de su identidad, sino como algo externo. También hay mucha gente sin implantes que sí se sienten cíborgs, porque han nacido y crecido siempre con tecnología. Sienten que es parte de su identidad. Entonces, ¿somos cíborgs psicológicos? En muchos lugares, la gente se siente unida psicológicamente a la tecnología y se habla de esta en primera persona. Sentimos gente decir “me estoy quedando sin batería” en lugar de “mi móvil se está quedando sin batería”. En tu caso, el Reino Unido sí te reconoció como tal. En 2004 no me dejaron renovar el pasaporte porque decían que no podía hacerme la fotografía con un aparato electrónico. Les dije que se trataba de un órgano más. No uso tecnología, yo soy tecnología y me siento cíborg. Después aceptaron mi razonamiento y los periodistas dijeron que era la primera vez que un gobierno aceptaba a un ciudadano cíborg. Existe un antes y un después. Al principio, memorizaba el sonido de cada color. Era algo muy externo, pero poco a poco el cerebro se acostumbró hasta el punto de que empecé a soñar colores y a dejar de notar la diferencia entre el cerebro y el software. Sentí que la palabra cíborg definía esa unión. La antena es un órgano más de mi cuerpo, no es un aparato. El aprendizaje es infinito. ¿El límite lo pones tú? Es como con el idioma. De pequeño debías memorizar lo que veías en una palabra. Cuando escuchaba la frecuencia del rojo, la llamaba rojo. Esto fue en 2004, cuando aprendí los colores. Ahora no lo pienso. ¿No descansas nunca de escuchar colores? Puedo taparlo, es como un ojo o una oreja, pero no hay un on y un off. No existe un interruptor. ¿La comunidad científica reconoce a los cíborgs? Las comisiones bioéticas de los hospitales no ven ético añadir órganos y sentidos que no sean humanos. Yo me hice cirugía con un doctor anónimo. Son operaciones que no están aceptadas. Uno de los grandes retos es conseguir que lo vean ético. Pasó lo mismo con la cirugía transgénero en los años cincuenta y sesenta. ¿Qué quieres demostrar con tu experiencia? Lo hago para explorar. Quiero revelar realidades que ya existen, como los colores infrarrojos y ultravioletas, que vosotros no percibís. Unirnos a la tecnología nos permite revelar realidades y saber mejor dónde estamos y quién somos, porque descubrimos mejor cuáles son nuestros sentidos. La medicina hace implantes para mejorar la vida de las personas, yo lo hago por arte. Soy un artista cíborg. ¿Querías superar el hecho de ver la vida en blanco y negro? No. Cuando estudiaba música, quise usar la tecnología en el artista y no en el arte. Me decidí por los colores, porque al ver en blanco y negro siempre me interesó el color, pero no quería solucionar un problema, sino satisfacer una curiosidad. Para mí, ver en blanco y negro es algo que tiene muchas ventajas. ¿Cuáles? Tenemos mejor visión nocturna y vemos a más distancia, porque el color no interfiere. Podemos memorizar la forma más fácilmente. Mucha gente que ve en escala de grises trabaja en la marina para detectar dónde hay barcos, porque vemos la forma antes que el color. Y la gente que ve color se puede confundir con el camuflaje. ¿Estás pensando en otro implante? Sí. Me permitirá notar el paso del tiempo, crear ilusiones del tiempo. Podré viajar en el tiempo, eliminar los jet lags. El objetivo es llevar a la práctica la teoría de Einstein, la relatividad del tiempo llevada a un órgano. ¿Viajar en el tiempo? El tiempo es una percepción. Si puedes modificar la percepción, puedes viajar en el tiempo. El tiempo está en tu cabeza. No está demostrado que esté fuera. ImaginCafé Una antigua sede de CaixaBank en el centro de Barcelona acoge desde hace un año ImaginCafé, un centro cultural de la entidad bancaria dedicado a la generación millenial. En las antiguas dependencias de las cajas fuertes descansan ahora potentes ordenadores y cómodos sillones, listos para jugar a videojuegos o eSports. Con este centro, la entidad busca captar al público joven con numerosas ofertas culturales y lúdicas. El espacio, de 1.200 metros cuadrados y tres pisos, organiza exposiciones, conferencias y conciertos. Las salas del piso superior ofrecen la posibilidad de trabajar por grupos y un nuevo espacio de coworking.

INNOVACIÓN
22 Octubre, 2018

Banksy y el valor económico del arte

El pasado 5 de octubre, una obra del artista Banksy se vendió por 1,2 millones de euros, cuatro veces más de lo que se había estimado inicialmente, en una subasta que tuvo lugar en el prestigioso Sotheby’s londinense. Pocos instantes después, la obra, una copia sobre lienzo de uno de los dibujos callejeros más conocidos de Banksy, Girl with balloon (Niña con globo), se autodestruyó ante la sorpresa mayúscula de todos los asistentes. Al día siguiente, Banksy subió el vídeo del momento a su cuenta de Instagram, añadiendo una cita atribuida a Pablo Picasso: “el impulso de destruir también es un impulso creativo”. Como en todo lo que hace este artista británico del que se desconoce la identidad, son más las preguntas que las respuestas. ¿Estaba Banksy presente en la casa de subastas? ¿Quién activó el mecanismo de autodestrucción de la obra, y cómo pudo disponerse este mecanismo en la sala? ¿Sotheby’s conocía lo que iba a suceder? Y sobre todo, ¿cuáles eran las intenciones de Banksy al destruir su obra?Si lo que se deseaba era que el acto de destrucción fuese una obra de arte en sí misma, una especie de happening, Banksy ha triunfado. El vídeo ya ha superado los 13 millones de reproducciones en su Instagram, y todas las televisiones y medios de comunicación han recogido el momento. Además, la compradora accedió a exponer temporalmente la obra, ahora rebautizada como Love is in the bin (El amor está en el cubo de la basura), con decenas de curiosos que contemplaban la obra y se hacían selfies con ella. El espectáculo continuaba. Sin embargo, si la intención era denunciar la comercialización y los precios desorbitados del mundo del arte, el fracaso ha sido patente: la nueva obra ha doblado el precio de la original, superando los 2 millones de dólares. “No se ha destruido una obra de arte, se ha creado una nueva, que vale el doble que la original. Se trata del primer trabajo artístico de la historia desarrollado en vivo y en directo en una subasta”, apuntaba Alex Branczik, director de Sotheby’s para Europa.Lo que ha pasado, según varios expertos, es que Banksy ha creado valor sin desearlo, pese a sí mismo. Romaric Godin ha escrito en Mediapart que “la tela, triturada solo en parte, vale más ahora (...) Su valor está reforzado por la reivindicación del artista y por los vídeos de la trituradora. La feliz propietaria de la tela puede ya hacer valer que posee, no solo la obra de Banksy, sino la prueba de su acto destructor. Y esta destrucción da precisamente más valor a la obra”. Algunos expertos y periodistas incluso han pronosticado que gracias a este experimento, Banksy podría escribir una tesis económica sobre el valor monetario del sector artístico. Este hito ha sido una contribución del artista al estudio empírico del valor del arte, ya que ha demostrado que gracias a un gran ingenio y creatividad, una buena expectación y viralización de un suceso y una notoria repecusión a nivel económico y social, el precio de una pieza puede variar enormemente en cuestión de minutos. Tal vez lo que ha sucedido, modificando la cita de Picasso, es que “el impulso de destruir o modificar, también es un impulso económico”.

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