informática

01 Julio, 2019

El superordenador más rápido de Europa recala finalmente en Barcelona

La cadena televisiva HBO estrenó en 2016 la famosa serie Westworld. Su trama se desarrollaba en un parque temático ambientado en el lejano oeste poblado por androides, robots con aspecto humano, que Anthony Hopkins controlaba a través de un superordenador albergado en una sala vintage. Podría decirse que esta sala y este superordenador ya existen en Barcelona, aunque todavía no han sido utilizados ─que se sepa─ para controlar androides ni parques temáticos. Una antigua capilla situada en el recinto de Torre Girona, en el emblemático barrio de Pedralbes, alberga desde 2004 el supercomputador más potente de España: el MareNostrum.  Ahora, la Comisión Europea ha seleccionado el Centro Nacional de Supercomputación (BSC) para que ponga en marcha un ordenador de nueva generación: el MareNostrum V. Este nuevo superordenador llegará a una potencia en pico de 200 petaflops/s, lo que equivale a la realización de 200.000 billones de operaciones por segundo. Empezará a funcionar el 31 de diciembre de 2020. El salto cualitativo es enorme, 17 veces superior a la potencia de MareNostrum IV y 10.000 veces más alta que el primer supercomputador que albergó la ciudad. La anterior versión de MareNostrum, instalada en 2017, que llegó a ser el segundo ordenador más potente de Europa y el decimotercero del mundo en sus primeros tiempos, alcanzó en su máximo pico los 13,7 petaflops/s (11.100 billones de operaciones por segundo). La Unión Europea aportará inicialmente cien millones de euros para financiar la nueva instalación, cantidad que servirá para mantener la máquina activa durante los primeros cinco años. El resto de la inversión se dividirá entre el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (60%), la Universidad Politécnica de Cataluña (10%) y la Generalitat de Catalunya (30%). Los tres países que apoyaron la candidatura española, Croacia, Turquía y Portugal, también harán su aportación a nivel económico. El proyecto de los superordenadores europeos está gestionado por EuroHPC Joint Undertaking (EuroHPC-JU) a partir del acuerdo al que llegaron los 28 estados miembros y la Comisión Europea para cofinanciar una hoja de ruta común para impulsar la Computación de Altas Prestaciones (HPC).El nuevo superordenador podrá ser utilizado por científicos de toda Europa. Será crucial su ayuda en la investigación sobre la inteligencia artificial y sobre nuevos materiales, pero todavía más en el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer ya que permite, entre otras funciones, secuenciar el genoma para diferenciar las células sanas de las tumorales. La máquina es vital para los investigadores que, por ejemplo, buscan la vacuna contra el VIH, un virus en el que intervienen múltiples variables que serían imposibles de valorar sin contar con la ayuda de una instalación como la que se construirá en Barcelona.La previsión es que la siguiente generación de superordenadores, los llamados “ordenadores exaescala”, entren en funcionamiento en el año 2023. Todo indica que llegarán a la velocidad de cálculo de 1 exaflop (lo equivalente a 1.000 petaflops), cinco veces más que el que se instalará en Barcelona. China empezó a desarrollar esta tecnología en 2017 creando el supercomputador Sunway TaihuLight que fue, durante dos años consecutivos, el ordenador más rápido del mundo al alcanzar una velocidad de 93 petaflops. La tecnología con la que operarían estos ordenadores podría llegar a superar la potencia del procesamiento neuronal humano, lo cual abriría la puerta a un desarrollo exponencial de la inteligencia artificial, de manera que el mundo que nos presentaba la serie de ficción Westworld podría estar más cerca de lo que creemos.

INNOVACIÓN
24 Mayo, 2019

Biohacking: ¿ciencia o magia?

Cuando ya nos habíamos acostumbrado a los wearables, esto es, llevar dispositivos tecnológicos sobre nuestro cuerpo, la ciencia ya ha dado un paso más allá con su versión más vanguardista y transgresora: el biohacking. Su objetivo sería el mismo: ampliar las capacidades, tanto físicas como mentales, del ser humano. La diferencia es que, con el biohacking, la forma de mejorar el cuerpo humano sería llevar el dispositivo no de forma externa como en los wearables, sino internamente. ¿Nos convertiremos todos en cíborgs como Neil Harbisson, considerado el primer cíborg del mundo? Hay división de opiniones: mientras algunos lo ven como un paso excesivo, otros no solo hablan ya de transhumanismo, sino que lo presentan como el único futuro posible. En realidad, el biohacking, término que obviamente proviene de la combinación de biología y hacking, es un concepto amplio que puede utilizarse para referirse a actividades bastante variadas. Mencionado por primera vez en un artículo del Washington Post de enero de 1988, «Playing God in Your Basement», el biohacking se suele dividir hoy en día en tres grandes categorías: la nutrigenómica (o genómica nutricional), la biología DIY (DIY de do it yourself, también conocida como biología de garaje) y, por último, el llamado biohacking grinder.La nutrigenómica consiste en la manipulación de la actividad de nuestro cuerpo a través de la alimentación, el sueño, el ejercicio físico o la gestión del estrés. Siendo la versión más light del biohacking, la nutrigenómica se basa en la idea de que nuestros cuerpos están en constante transformación, y pretende utilizar estos cambios para vivir mejor, sea a través de la alimentación, el sueño, las actividades físicas u otros estímulos que lo que hacen es alterar las funciones del cuerpo humano.La DIYbio, biología do it yourself o biología de garaje, movimiento surgido a principios del siglo XXI, es una subcategoría del biohacking que pretende crear una versión accesible de la biología, mediante soluciones tecnológicas de bajo coste que uno mismo puede llevar a cabo en su casa –o en su garaje– y que suele moverse fuera de las universidades, empresas de biotecnología y otros entornos convencionales de la biología. Con ardientes defensores y férreos detractores, los practicantes de la biología DIY no suelen tener formación académica, sino que la practican por su cuenta y riesgo, con el único apoyo de su propia comunidad.Finalmente, el biohacking grinder sería el último paso: sus defensores apuestan directamente por los implantes tecnológicos o la manipulación química del cuerpo para ampliar las capacidades del ser humano. Los transhumanistas no solo defienden los implantes para mejorar la «experiencia humana», sino que aseguran que estos mejorarán nuestro coeficiente intelectual, nos harán más fuertes físicamente, y que incluso podrían detener o revertir el envejecimiento. ¿Estamos hablando de ciencia o de magia? El debate está servido. Por cierto, ¿qué pensará el ciborg Neil Harbisson de todo ello?

INNOVACIÓN
21 Enero, 2019

Neil Harbisson: “No uso tecnología, soy tecnología y me siento cíborg”

Este joven británico está considerado el primer cíborg del mundo, ya que cuenta con un órgano nuevo y completamente artificial: una antena, con la que explora los límites sensoriales del ser humano y que le permite escuchar los colores. Neil Harbisson (Londres, 1984) no ve el arte, lo escucha. Este inglés criado en Mataró (Barcelona) asegura que Picasso y Warhol tienen sonidos muy altos, saturados. Velázquez, en cambio, “suena poco”. Para Harbisson, el mundo es en blanco y negro. Nació con acromatismo, una patología que afecta a una de cada treinta y tres mil personas en el mundo. Desde 2004, una antena conectada a su cerebro le permite escuchar los colores y, así, detectarlos. Memorizó centenares de ellos. Este artista británico se define como cíborg, un ser compuesto por elementos orgánicos y cibernéticos. Su “órgano” colgándole de la cabeza y una estética moderna y vanguardista, acorde también con su corte de pelo, le dan un aura futurista. Harbisson es pionero en implantarse tecnología en el cuerpo. Este joven usa la tecnología para explorar y superar las fronteras de los sentidos humanos. Desde su fundación, ayuda a todo aquel interesado en convertirse en un cíborg. Hablamos con él en el centro cultural ImaginCafé, un espacio de CaixaBank donde está a punto de presentar, junto con Silvia Lladós, Colors&NeilHarbisson, una app que permite realizar sesiones de luz y escuchar el sonido del color con las composiciones sonocromáticas compuestas por él mismo. ¿Cómo escuchas los colores sin que los sonidos que te rodean se solapen? Noto la vibración que emiten los colores dentro del hueso y esta vibración se convierte en sonido. Escucho los colores a través de los huesos, mientras que el resto de sonidos los escucho por las orejas. Se trata de dos canales diferentes. Si fuera sordo, percibiría los colores igualmente. ¿Cuántos colores eres capaz de detectar? Percibo trescientos sesenta tonos visibles, aunque también capto muchos más que son invisibles para el ojo humano, como los infrarrojos y ultravioletas. ¿Cómo suena una puesta de sol? Es un sol que se va deslizando hacia un fa sostenido. Es un sonido descendente. ¿Cuántos cíborgs hay en el mundo? Ser cíborg es una identidad. Hay mucha gente que tiene tecnología dentro del cuerpo, pero no todos se consideran cíborgs. Muchos la tienen por razones médicas, pero no sienten esta tecnología como parte de su identidad, sino como algo externo. También hay mucha gente sin implantes que sí se sienten cíborgs, porque han nacido y crecido siempre con tecnología. Sienten que es parte de su identidad. Entonces, ¿somos cíborgs psicológicos? En muchos lugares, la gente se siente unida psicológicamente a la tecnología y se habla de esta en primera persona. Sentimos gente decir “me estoy quedando sin batería” en lugar de “mi móvil se está quedando sin batería”. En tu caso, el Reino Unido sí te reconoció como tal. En 2004 no me dejaron renovar el pasaporte porque decían que no podía hacerme la fotografía con un aparato electrónico. Les dije que se trataba de un órgano más. No uso tecnología, yo soy tecnología y me siento cíborg. Después aceptaron mi razonamiento y los periodistas dijeron que era la primera vez que un gobierno aceptaba a un ciudadano cíborg. Existe un antes y un después. Al principio, memorizaba el sonido de cada color. Era algo muy externo, pero poco a poco el cerebro se acostumbró hasta el punto de que empecé a soñar colores y a dejar de notar la diferencia entre el cerebro y el software. Sentí que la palabra cíborg definía esa unión. La antena es un órgano más de mi cuerpo, no es un aparato. El aprendizaje es infinito. ¿El límite lo pones tú? Es como con el idioma. De pequeño debías memorizar lo que veías en una palabra. Cuando escuchaba la frecuencia del rojo, la llamaba rojo. Esto fue en 2004, cuando aprendí los colores. Ahora no lo pienso. ¿No descansas nunca de escuchar colores? Puedo taparlo, es como un ojo o una oreja, pero no hay un on y un off. No existe un interruptor. ¿La comunidad científica reconoce a los cíborgs? Las comisiones bioéticas de los hospitales no ven ético añadir órganos y sentidos que no sean humanos. Yo me hice cirugía con un doctor anónimo. Son operaciones que no están aceptadas. Uno de los grandes retos es conseguir que lo vean ético. Pasó lo mismo con la cirugía transgénero en los años cincuenta y sesenta. ¿Qué quieres demostrar con tu experiencia? Lo hago para explorar. Quiero revelar realidades que ya existen, como los colores infrarrojos y ultravioletas, que vosotros no percibís. Unirnos a la tecnología nos permite revelar realidades y saber mejor dónde estamos y quién somos, porque descubrimos mejor cuáles son nuestros sentidos. La medicina hace implantes para mejorar la vida de las personas, yo lo hago por arte. Soy un artista cíborg. ¿Querías superar el hecho de ver la vida en blanco y negro? No. Cuando estudiaba música, quise usar la tecnología en el artista y no en el arte. Me decidí por los colores, porque al ver en blanco y negro siempre me interesó el color, pero no quería solucionar un problema, sino satisfacer una curiosidad. Para mí, ver en blanco y negro es algo que tiene muchas ventajas. ¿Cuáles? Tenemos mejor visión nocturna y vemos a más distancia, porque el color no interfiere. Podemos memorizar la forma más fácilmente. Mucha gente que ve en escala de grises trabaja en la marina para detectar dónde hay barcos, porque vemos la forma antes que el color. Y la gente que ve color se puede confundir con el camuflaje. ¿Estás pensando en otro implante? Sí. Me permitirá notar el paso del tiempo, crear ilusiones del tiempo. Podré viajar en el tiempo, eliminar los jet lags. El objetivo es llevar a la práctica la teoría de Einstein, la relatividad del tiempo llevada a un órgano. ¿Viajar en el tiempo? El tiempo es una percepción. Si puedes modificar la percepción, puedes viajar en el tiempo. El tiempo está en tu cabeza. No está demostrado que esté fuera. ImaginCafé Una antigua sede de CaixaBank en el centro de Barcelona acoge desde hace un año ImaginCafé, un centro cultural de la entidad bancaria dedicado a la generación millenial. En las antiguas dependencias de las cajas fuertes descansan ahora potentes ordenadores y cómodos sillones, listos para jugar a videojuegos o eSports. Con este centro, la entidad busca captar al público joven con numerosas ofertas culturales y lúdicas. El espacio, de 1.200 metros cuadrados y tres pisos, organiza exposiciones, conferencias y conciertos. Las salas del piso superior ofrecen la posibilidad de trabajar por grupos y un nuevo espacio de coworking.

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