SpaceX

23 Abril, 2019

¿Cuándo podremos viajar al espacio de forma asequible?

La industria aeroespacial tiene entre sus retos más inmediatos reducir de manera importante el coste de los vuelos espaciales y hacer de los viajes a la órbita baja de la Tierra —por investigación o por turismo— algo más cotidiano y económico. Quedan muy lejanos ya los años sesenta y setenta del pasado siglo, décadas en las que el entusiasmo por la exploración espacial alcanzó su máximo desarrollo. Desde entonces, las diferentes crisis económicas y la constatación de que la conquista espacial no iba a ser tan sencilla enfriaron tanto los ánimos que, incluso hoy en día, la potencia que fue Estados Unidos en materia aeroespacial ya no cuenta con ninguno de sus icónicos transbordadores espaciales. ¿A dónde se ha ido la ilusión por viajar al espacio?.Cualquier aspecto que tenga que ver con el mundo aeroespacial es muy costoso en tiempo y recursos económicos y humanos. Eso ya lo sabíamos. Pero, desde los años ochenta, las principales potencias industriales que podían permitirse financiar ambiciosos planes aeroespaciales se han encontrado con un importantísimo escollo: la opinión pública. En un contexto económico de recortes en servicios públicos y dificultad para mantener el estado del bienestar en las democracias occidentales, ¿qué gobierno se siente con ganas de justificar gastos multimillonarios para enviar “cosas al espacio”? Esta simplificación de la exploración espacial —utilizada por numerosas administraciones para cortar el presupuesto en proyectos espaciales— es completamente infundada. Cada euro o dólar invertido en esta industria retorna con beneficios económicos y tecnológicos. Y ahí es donde toma el relevo la industria privada, que no tiene que justificar sus gastos ante el electorado.El sueño del turismo espacial como algo normalizado ya lleva un tiempo creciendo y la industria aeroespacial lo ve como una interesante fuente de ingresos, mientras que otras explotaciones comerciales terminan de arrancar, como la ansiada minería espacial —material de ciencia-ficción por el momento— o los viajes regulares a la Luna o Marte. Intentos por dar a luz a este negocio ya los ha habido. El primero de ellos fue en 2001, cuando el multimillonario Dennis Tito se convirtió en el primer turista espacial de la historia al viajar hasta la Estación Espacial Internacional en una cápsula Soyuz. El ticket le costó 20 millones de euros y, lejos de desincentivar este tipo de turismo, seis aventureros más desembolsaron cantidades similares en años posteriores. Pero lo que parecía el principio de un área de negocio soñada se estancó en 2009, año del último vuelo espacial “por placer”. El problema es que, hasta ahora, poner en órbita cualquier clase de transporte ha demostrado ser tremendamente costoso. Por ejemplo, cada lanzamiento de un antiguo transbordador espacial de la NASA costaba alrededor de 450 millones de dólares. Repetimos. Cada lanzamiento. Iniciativas privadas como SpaceX y su Falcon Heavy han conseguido reducir el vuelo espacial a unos más asequibles 62 millones de dólares por lanzamiento. Es el camino a seguir y cada vez son más las compañías privadas que realizan sus propios diseños de propulsores y aviones espaciales. De hecho, uno de los prototipos que más han llamado la atención en los últimos años ha sido el Skylon. Este avión con nombre de malvada inteligencia artificial está siendo desarrollado por Reaction Engines, una empresa británica que espera comenzar a enviar turistas al espacio en el año 2025. Su tecnología puntera, en la que han intervenido firmas como Rolls Royce y Boeing, promete viajes a la órbita baja en apenas 15 minutos. Lo hará gracias al motor SABRE, una maravilla de la ingeniería que podría hacer experimentar a los turistas velocidades superiores a Mach 25, o 30.000 m/h. Aquí entramos en el terreno de lo puramente especulativo, porque hasta ahora el récord de velocidad se sitúa en Mach 6, o 7.350 km/h. Así que al Skylon todavía le queda un buen recorrido si quiere pulverizar ese récord. Otra de las empresas que se toman muy en serio los viajes espaciales es Virgin Galactic, una de las marcas del conocido multimillonario Sir Richard Branson. Él será el primero de una nueva oleada de turistas espaciales que pagarán entre 200.000 y 250.000 dólares por un ticket para viajar a la órbita baja de la Tierra. Una cantidad muy alejada de esos primeros 20 millones que pagó el señor Tito por ser el primero en viajar al espacio por turismo.La clave para el desarrollo del turismo espacial será la reducción del coste de poner un avión en órbita. Y eso pasa, irremediablemente, por hacer que ese avión pueda hacer el trayecto cuantas más veces mejor. Parece que eso es lo que por fin ha conseguido Virgin Galactic. La empresa británica y su SpaceShipTwo ya han conseguido alcanzar los 80 kilómetros de altura en un vuelo de prueba a finales del año pasado. Ese hito parece haber abierto la puerta a que este 2019, por fin, el turismo espacial despegue definitivamente. Y ahora viene el momento en que respondemos, por fin, a la pregunta que da origen a este artículo: ¿cuándo podremos viajar al espacio de forma asequible? Sabemos que la tendencia apunta a que Virgin Galactic, SpaceX y el resto de empresas aeronáuticas seguirán optimizando sus vehículos; junto a ellas, otras muchas compañías y start-ups de nuevo cuño se unirán a esta nueva carrera espacial, esta vez no para llevar al hombre a la luna, sino para democratizar el viaje espacial y hacerlo algo relativamente asequible. Esa es la tendencia, sí, pero todo indica que el turismo espacial no se popularizará pronto. Todavía quedan muchos retos técnicos que superar, entre ellos uno clave: el energético. Ahora viene la buena noticia: todo medio de transporte ha comenzado siendo terriblemente caro, inseguro e incómodo para ir transformándose poco a poco en algo de fácil uso y asequible para la mayoría. El explorador que llevamos dentro quiere creer que esto también pasará con el vuelo espacial.

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