21 Octubre, 2015

El reto demográfico de Europa


Desde hace ya un tiempo, Europa y el resto de regiones desarrolladas se enfrentan a una transición demográfica que está disparando dudas en todas direcciones, especialmente en la económica. Tal y como se puede observar en el siguiente gráfico, nos aventuramos hacia un futuro en el que cada vez habrá menos jóvenes. Pero, ¿cómo debemos reaccionar ante estos pronósticos?

Envejecimiento de la población en Europa

Para determinar las soluciones posibles, primero debemos analizar bien los riesgos. En este sentido, el artículo “Los retos de la demografía en España” del dossier del último Informe Mensual de CaixaBank Research explica que Europa se enfrenta a dos grandes retos.

El primero es el envejecimiento de la población. En España hay unos 8 millones de mayores de 65 años, lo que representa un 17,5% de la población total, pero, según las previsiones, en 2050 este número ascenderá hasta sobrepasar los 16 millones de personas. Por el contrario, para esas fechas, los menores de 65 sumarán unos 27 millones de la población total (respecto a los 38 que representan actualmente). Además, a este envejecimiento de la población lo acompañan otros factores como la baja tasa de natalidad (del 1,5% en 2050), lejos del 2,1% necesario para garantizar el reemplazo generacional, y el crecimiento progresivo de la esperanza de vida (en 2050 se prevé que será de 84,4 y 89,1 años en hombres y mujeres, respectivamente).

Así pues, el impacto de este cambio demográfico es notable, y ahí nos encontramos el segundo problema: cómo influirá el envejecimiento de la población en la sostenibilidad del estado de bienestar. Esto, tal y como indica el artículo “Cómo afectan las canas al gasto público”, representa una gran preocupación que no debe pasar desapercibida, ya que el envejecimiento poblacional y el consiguiente aumento de la tasa de dependencia pueden disminuir los ingresos fiscales y, a la vez, incrementar el gasto público.

Motivos para la esperanza

Sin embargo, hay medidas que estamos a tiempo de tomar y que pueden contrarrestar en el futuro esta transición demográfica. Como se expone en el artículo “El impacto de la transición demográfica ¿es inevitable?”, ante el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, una de las soluciones más directas que se pueden tener en cuenta es adaptar la vida laboral a estos cambios demográficos. Un extenso estudio de la Comisión Europea acerca de esta cuestión prevé que, gracias a la mejora de la salud de la población, el gasto sanitario de una persona de 67 años en 2040 equivaldría al de una de 64 en 2015 y a una de 70 en 2060. Por tanto, parece razonable tomar medidas para alargar, conforme pasan los años, la edad de jubilación e incentivar a los individuos a trabajar durante más tiempo.

Además, existen diversos factores del comportamiento poblacional que pueden ayudar a reducir el impacto del envejecimiento social como, por ejemplo, el aumento de la tasa de natalidad, aunque sea un factor difícil de controlar. Por otra parte, está la inmigración (también difícil de predecir, ya que depende de las condiciones económicas y sociales de los países), que puede tener un impacto considerable, sobre todo en los países donde el envejecimiento es mayor. También pueden ayudar a contrarrestar esta tendencia el aumento de la productividad de la economía (a través, por ejemplo, de la tecnología, en plena evolución e implantación en muchos sectores) y el incremento de la oferta laboral, que puede producirse incentivando una mayor participación laboral femenina, así como la de otros grupos sociales infrarrepresentados, como pueden ser los inmigrantes.

Si te ha interesado este artículo, puedes leer más información sobre este tema en el portal de CaixaBank Research o a través de los perfiles de Twitter @CABK_Research y @infocaixa.

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